Hacia una economía verde

Es posible generar empleo y retomar la senda del crecimiento económico al tiempo que reducimos nuestro impacto sobre el medio ambiente? ¿Podemos sentar las bases de una economía dinámica y generadora de puestos de trabajo en respuesta a los nuevos retos sociales y ecológicos que afrontamos en este inicio de siglo? ¿Qué ejemplos concretos de prácticas reales pueden ayudarnos a vislumbrar una salida de la crisis económica sobre bases sólidas y duraderas? ¿Cuál es el papel de la participación ciudadana en la construcción de alternativas al sombrío panorama actual?.

Estas y muchas otras preguntas en torno al urbanismo, energía, agua, alimentación, consumo, economía social y participación ciudadana nos brindan una buena oportunidad para identificar acciones y prácticas desde lo local que nos permitan avanzar hacia una sociedad y economía que combinen equidad y bienestar social con sostenibilidad medioambiental.

Las preguntas formuladas arriba obviamente no son nuevas, de hecho empezaron a ser planteadas hace ya 40 años en la Conferencia que Naciones Unidas celebró en Estocolmo bajo el título de ‘El medio ambiente humano’. Fue a partir de entonces cuando algunos gobiernos comenzaron a crear Ministerios y Secretarías de Medio Ambiente. Hasta entonces los aspectos de regulación medioambiental apenas se tenían en cuenta.

A este esfuerzo por parte de las instituciones se suma la creciente sensibilización ciudadana. Todo esto en el lado positivo de la balanza. Pero a pesar de todo, tanto a nivel global como (en menor grado) en nuestro entorno, los principales indicadores siguen mostrando año tras año el aumento de nuestra huella ecológica (el impacto derivado de nuestro consumo de recursos y la contaminación) y el deterioro de la diversidad biológica del Planeta.

Actualmente consumimos un 30% más de recursos naturales de lo que el planeta es capaz de proveer en un año. Esto se traduce en un deterioro del capital natural (bosques, calidad atmosférica, disponibilidad de agua dulce, tierras cultivables, etc.). Por decirlo de otra forma, globalmente no estamos viviendo de los ‘intereses’ del capital natural, de los recursos renovables, sino que estamos dilapidando el capital mismo a un ritmo de un 1% anual. En los últimos 40 años ya nos hemos ‘comido’ un tercio de la riqueza natural del Planeta.

A nivel global se están dando pasos en la dirección correcta, pero no a un ritmo capaz de contrarrestar el masivo deterioro de los ecosistemas marinos y terrestres. Por ello, estamos convencidos que la actuación desde lo local es la clave. Y vemos esto como una gran oportunidad para superar viejos estereotipos, como el que contrapone lo ecológico a lo económico, cuando en realidad un modelo económico sólo tiene bases sólidas cuando se asegura la sostenibilidad de la base material en la que esta se asienta.

Esta apuesta por lo local es también una gran contribución a lo global, pues implica una gran oportunidad para impulsar una agenda de la innovación basada en la economía verde. Hay empresas y organizaciones guipuzcoanas que están generando empleo, investigando e innovando en ámbitos como las energías renovables, la acuicultura ecológica, los sistemas de recogida integral de residuos como el aceite doméstico, la movilidad eléctrica, abonos agrícolas elaborados a partir de recursos renovables y un largo etcétera.

Panamá reúne las condiciones para ser líder en la generación de una economía verde basada en el conocimiento y la innovación, pues dispone del know-how necesario, y de un tejido amplio de pymes y de emprendedores. Las instituciones pueden acelerar este círculo virtuoso con diversos incentivos (como una fiscalidad verde orientada a des-carbonizar la economía).

También debemos realizar una apuesta firme por impulsar proyectos y prácticas que contribuyan a generar una economía y empleos verdes. Por ello apoyamos proyectos innovadores de energía, consumo, desarrollo rural, ecología lingüística y naturaleza.

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