La sustentabilidad como empoderamiento social

Por José Tomás Ibarra. Hace más de medio siglo, Albert Einstein advertía que “no es posible resolver los problemas que hemos creado con la misma forma de pensamiento con la que los hemos engendrado”. Esto parece ser lo que ocurre en el escenario local actual, donde los conflictos ambientales y sociales que se solían explicar desde las ciencias ecológicas y sociales, de forma disociada, han cambiado y la realidad ha alcanzado insospechados niveles de complejidad.

Sujetos del neoliberalismo a ultranza que se ha desatado en nuestro país desde hace décadas, los políticos locales (de izquierda, centro y derecha) parecen no poder resolver los múltiples problemas que aquejan a las familias, regiones y a los distintos territorios del país.
Los políticos, con sus ideas sustentadas en “concepciones rebasadas”, encuentran una escasa vigencia y pobre imagen en la ciudadanía. Los emergentes movimientos sociales plantean, como alternativa, la necesidad de generar un cambio conceptual, traducido en instrumentos políticos, en la forma en que estamos transformando nuestro entorno social y natural.

Los nuevos movimientos sociales, frutos de la creatividad colectiva y de la práctica de nuevas iniciativas, construyen poder socio-ambiental familiar, comunitario y regional, y rompen con la forma convencional de hacer política. Los movimientos tienen características compartidas: demandan la descentralización del poder económico y político; la socialización de los beneficios asociados al uso de los recursos naturales; la diversificación productiva; la equidad de género; la democratización de la educación, ciencia y tecnología; las reivindicaciones étnicas y territoriales; la protección de ecosistemas y de los servicios que ellos proveen; el respeto a la soberanía alimentaria; entre otros.

Las prácticas e ideas renovadas de los movimientos ciudadanos confirman lo que señalaba el mexicano Víctor Toledo en 2007, y es que “los lentes de la izquierda y derecha convencionales no logran articular que, en un mundo globalizado, los procesos sociales y ecológicos se encuentran indisolublemente ligados. El poder es una relación entre seres humanos y naturaleza y, por lo tanto, todo conflicto entre grupos humanos se resuelve modificando no sólo las relaciones sociales, sino también las ecológicas”.

La sustentabilidad como poder social y como principio en los nuevos planteamientos

Nuestros gobiernos se han encargado de difundir, de forma perversa aunque no explícita, la falacia de que la protección ambiental es un lujo de países desarrollados, incluso como un “impedimento para el desarrollo”. Sin embargo, desde su lanzamiento en la Cumbre de Río (1992), el concepto de sustentabilidad ha sido ineludiblemente adoptado por gobiernos, corporaciones, centros académicos, universidades, entre otros. Como resultado, el concepto hoy tiene diferentes versiones, algunas ingenuas, contradictorias, perversas y superficiales.

A pesar de esto, y tal como lo señaló Víctor Toledo en 2003, “la sustentabilidad como poder ciudadano es la acepción más congruente, radical y legítima, lo que se ve representado en la multiplicación de movimientos sociales.

Empoderamiento, participación ciudadana y naturaleza. Debe existir una participación ciudadana vinculante para la evaluación de megaproyectos proyectados en la región, incluidas las represas y minas.

Socialización de los beneficios (y no sólo de las externalidades negativas) de actividades industriales asociadas a los recursos naturales:

Diversificación productiva. La diversificación es crítica para poder enfrentar eventos imprevistos y devastadores, tanto de tipo social-económico (ej. crisis financieras) como climáticos (ej. sequías, heladas e inundaciones). Estos eventos son cada vez más frecuentes en un planeta en crisis. Para hacer frente a esta incertidumbre, se demandan diversificación productiva.

Estos pocos ejemplos se basan en premisas básicas de la sustentabilidad, las que subrayan que el poder no se construye en lo abstracto y centralizadamente, sino que en los espacios concretos de los territorios (política territorializada). El poder lo construyen los movimientos sociales y sus propios organismos. Esto se traduce en proyectos formados por núcleos de actores organizados consensualmente (democracia participativa). La sustentabilidad se construye con ideas y praxis, “desde abajo”.

El empoderamiento social, con principios de respeto entre las personas y la naturaleza, poco a poco hace frente a los poderes que dominan a la sociedad actual: el poder político del Estado y el económico del Mercado. La sustentabilidad se vuelve, cada vez más, una práctica en que las aspiraciones familiares, comunitarias y regionales se resuelven transformando las relaciones sociales y las ecológicas.

El poder se construye para acrecentar el empoderamiento de los habitantes sobre los procesos sociales y naturales que los afectan. Este poder “socio-ecológico” encuentra adeptos en distintas regiones del pais(incluyendo la Metropolitana) y genera tejidos de organización y alternativas concretas para que se garantice una mejor calidad de vida de las localidades, regiones y de los ambientes naturales que definen su cultura.

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