Durante las conferencias que dictó en Argentina días atrás, el ex vicepresidente norteamericano Al Gore colocó en un buen punto de equilibrio el señalamiento de los alertas sobre el cambio climático y las respuestas para detener el deterioro ambiental con sus dramáticas consecuencias sobre el planeta.
El mensaje es que es tan importante conocer las causas y efectos de la crisis ambiental, a la que se define como la mayor y más grave de la historia, como definir rumbos de acción individual y colectiva, gubernamental y no gubernamental, nacional e internacional, para enfrentarla.
Los Estados deben asumir su compromiso en la reducción de gases de efecto invernadero y cumplirlo. Pero es indispensable, también, impulsar el uso de energías alternativas, el aprovechamiento de fuentes de energía renovables y un cambio en los modos de producción industrial que contemple los equilibrios en el ecosistema.
En este sentido, cabe valorar el llamado de Al Gore, como referente internacional en el tema, a modificar hábitos cotidianos y políticas públicas. La provisión de agua potable y electricidad a toda la población es tan importante como la utilización racional de dichos recursos. Del mismo modo, el tratamiento de la basura y los deshechos y la reutilización o el reciclaje de materiales de uso corriente, atañe tanto a las normativas y disposiciones como a los usos y costumbres de las personas. Se trata, en definitiva, de una toma de conciencia que genere cambios de actitud.



















