Lo ridículamente baratas que son las vacunas

Antes de la actual pandemia del coronavirus casi nadie se daba cuenta del muy productivo “negocio” que es para el mundo el tener vacunas eficaces que impidan que esos siempre peligrosos patógenos campen a sus anchas por un mundo globalizado e hiperconectado. Pero ahora, la cruda realidad nos ha despertado de golpe y ya tenemos muy claro el precio de no disponer de esos maravillosos medios profilácticos.

Dejando de lado la tragedia humana de esos cientos de miles o incluso millones de muertos que va a dejar tras de sí la actual pandemia coronaviral en todo el mundo (bien directamente por la propia infección o por el innegable hecho de que los sistemas sanitarios de medio mundo están en la práctica colapsados, con la consiguiente limitada atención médica que están recibiendo millones de pacientes de otras múltiples enfermedades) hay un dato abrumadoramente impactante sobre el precio de dejar que un virus actúe sin cortapisa alguna.

Pero antes de todo vamos a hacer un pequeño ejercicio contable. La vacuna más cara disponible en España tiene un precio de 77 euros. Supongamos ucrónicamente que el “PREDICT“, un programa de investigación epidemiológica financiado por la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID), que fue puesto en marcha en 2009 tras la famosa gripe H5N1 del 2005 con la finalidad de ser un sistema de alerta temprana de pandemias hubiera sido más ambicioso y, en lugar de un presupuesto anual de tan solo 20 millones de dólares (que curiosamente la siempre “perspicaz” administración Trump ha cancelado este año ¡no me podrán negar que no es una “acertada” visión de futuro!) hubiera tenido más recursos humanos y financieros y por tanto, hubiera dispuesto el pasado mes de diciembre de una vacuna frente a la COVID-19 que se hubiera vendido al módico precio de 100 o 200 euros por individuo vacunado, por eso de la novedad y para conseguir los estratosféricos beneficios que obtienen las multinacionales farmacéuticas con cada uno de sus medicamentos patentados. En ese caso estaríamos hablando de entre 0,7 y 1,4 billones de euros de gasto sanitario para inmunizar a los 7.000 millones de personas que poblamos esta pequeña mota de polvo suspendida en un rayo de sol que es la Tierra. Sí, ya sé que llevar la vacuna por el mundo a todos o casi todos los humanos sería todavía más caro, pero como hoy estoy generoso voy a redondear hasta los 2 billones de euros ¿les parece suficiente?

Si esta propuesta de inmunización global hubiera sido planteada en la OMS o en la ONU tengan por seguro que el pensamiento único neoliberal hubiera puesto el grito en el cielo con expresiones del tipo de

Intolerable derroche, dispendio absurdo, ¡no hay dinero, es imposible!, ¿pero que se han creído estos “perroflautas izquierdosos”, que el dinero cae de los árboles?

Y legiones de sesudos economistas provenientes de los más grandes bancos, de la élite empresarial y hasta de más de una prestigiosa universidad hubieran expuesto sus doctos argumentos y miles de cifras, análisis y modelos computerizados varios en todos los medios de comunicación del mundo para demostrar que esa doblemente billonaria factura no sólo sería imposible de pagar, sino que además conllevaría la más absoluta ruina económica al planeta entero, porque el mundo no funciona ni con buenas ideas ni mucho menos con esas sensibles (y más que equivocadas) intenciones de que todos viajamos juntos en este “punto azul pálido” saganiano.

Y sin embargo se hubieran equivocado completamente. Y no lo digo yo, sino que lo demuestra el para nada sospechoso de izquierdismo o cualquier otro “ismo” Fondo Monetario Internacional, el cual ha cuantificado recientemente los costos que está suponiendo a la economía mundial la actual pandemia. Y las cifras son directamente inimaginables ya que sólo hasta hace unos días:

* Los costos fiscales directos han alcanzado los 3,3 billones de dólares.

* Los préstamos del sector público, incluidas las inyecciones de capital a las empresas, son hasta ahora de alrededor de 1,8 billones.

* Y las garantías de préstamos y otros pasivos contingentes, suman otros nada despreciables 2,7 billones de dólares.

Así que en total el coste económico de la actual pandemia del coronavirus a día de hoy sería de unos 7,8 billones de dólares y, subiendo por supuesto, ya que cada día que pasa la economía de docenas de países sigue colapsada o al borde del infarto contable y hay que seguir metiendo dinero en este cada vez más oscuro pozo sin fondo.

Así que las preguntas que hay que hacerse ahora son ¿es caro o es barato inmunizar a toda la humanidad frente a un patógeno? y sobre todo ¿no sería, no solo razonable, sino un verdadero ahorro crear un organismo supranacional bien dotado de abundantes medios humanos y económicos para inventar, producir y distribuir vacunas que protegieran a toda la Humanidad y así evitar la más que probable repetición de este tipo de desastrosos eventos? Porque en este caso, si se retiran de la ecuación de gastos el marketing empresarial, las patentes, la I+D malgastada en descubrir tratamientos para curar alopecias y “enfermedades” similares, los “bonus”, las “stock options” y los blindajes milmillonarios de los altos ejecutivos y por supuesto los siempre sacrosantos beneficios corporativos, la factura de mantener este organismo sería muchísimo más reducida, sobre todo si se utilizan los recursos públicos ya disponibles.

Porque la reflexión final de toda esta argumentación es que debemos dejar de pensar (cuanto antes mejor, por la cuenta que nos trae) como si siguiéramos siendo solo un pequeño grupo de 15 o 30 cazadores-recolectores de la prehistoria que vagan por nuestra ancestral sabana africana o esos pocos miles de habitantes de una ciudad estado de la Grecia clásica o incluso del Renacimiento italiano y empezar a entender que las soluciones a los cada vez más complejos problemas de una sociedad hiperdesarrollada del siglo XXI pasan por prever (con la siempre inestimable ayuda de la Ciencia) y tomar decisiones (por adelantado a ser posible) que sirvan para el conjunto de los habitantes del planeta y no seguir como hasta ahora con el “sálvese quien pueda” de cada grupo, etnia o nación por su lado sin orden ni concierto ninguno, ya que eso quizás funcionó a algunos hace 100 o 10.000 años, en un mundo que por cierto ya no existe nada más que en las crónicas de los historiadores y en la imaginación de guionistas hollywoodienses y novelistas varios.

Fuente: El muy recomendado blog La Ciencia y sus Demonios

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