Por su alto gasto energético los bombillos incandescentes se desterraron para siempre de Europa

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La Unión Europea (UE) pulsó el interruptor para apagar de manera definitiva los bombillos incandescentes, aquellos que Thomas Alva Edison perfeccionó, abriendo la puerta a una revolución económica y social.

Los bombillos tradicionales de menos de 60 vatios dejaron de distribuirse para ahorrar energía, lo que pone fin al periodo transitorio de adaptación a la nueva normativa de la UE, que se inició en septiembre del 2009 con la retirada de los de más de 100 vatios y continuó con el fin de la comercialización de los de potencia superior a 75 y 60 vatios en el 2010 y el 2011, respectivamente.

Desterrados para siempre por su alto gasto energético y su fuerte impacto medioambiental, los bombillos incandescentes fueron la primera fuente de luz fiable y le permitieron a la humanidad independizarse del sol y alargar sus jornadas laborales, lo que supuso un importante incremento de la productividad y un mayor desarrollo.

Con la aparición de nuevas fuentes de luz, como los bombillos fluorescentes compactos y los halógenos, fueron perdiendo presencia en los espacios públicos, debido a su escasa eficiencia energética: el 95 por ciento de la electricidad que consumen la transforman en calor y sólo el 5 por ciento restante, en luz.

Su precio, muy inferior al de sus competidores, era uno de sus fuertes: costaban cerca de un euro, mientras que los halógenos compactos se sitúan entre 3 y 12 euros cada uno, y los LED se elevan hasta los 15 o 25 euros por unidad; estos últimos se perfilan como sucesores de los incandescentes, no solo por su mayor eficiencia energética, sino por su múltiples aplicaciones, su encendido inmediato y la sensación de calidez que aportan.

Mostramos nuestra satisfacción por la retirada, que supondrá la generación de menos residuos gracias a la mayor duración de otros bombillos. El único pero que ha recibido esta medida es el temor a que un uso generalizado de fluorescentes provoque problemas de salud, algo que la Comisión Europea ha descartado.

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