
Si estás cansado de masticar derivados del petróleo, o eres de los que te preocupa el medio ambiente, o, simplemente, sientes curiosidad por cómo será este nuevo chicle, prepara tus mandíbulas, porque este chicle es ecológico desde su preparación hasta su final biodegradable: una vez mascado se deshidrata y se convierte en polvo.
La producción racional de chicle y madera en el sureste de México no sólo ha permitido a cientos de indígenas mayas salir de esquemas de explotación y de una anárquica comercialización de esas materias primas, también les ha dado la oportunidad de ser dueños de empresas exitosas y con reconocimiento internacional.
Los barrenderos en las calles del mundo podrían tardar menos tiempo en despegar la goma de mascar de las aceras, con el lanzamiento de un chicle natural cultivado por agricultores mayas en la selva tropical de México.
Una cooperativa de más de 50 comunidades mayas en la Península de Yucatán, en el sureste mexicano, donde la pegajosa resina se extrae de los árboles Sapodilla desde antes de la conquista de los españoles, comenzará a vender goma de mascar biodegradable en tiendas británicas a partir de este mes.
A diferencia de la goma de mascar común elaborada con ingredientes sintéticos que pueden tardar años en degradarse, la marca «Chicza» de la cooperativa se fabrica a base de chicle, una sustancia natural que se degrada rápidamente.
El chicle procedente de este entorno natural no se pega en la ropa ni el pelo y se convierte en polvo cuando pasan seis semanas pegado en los pavimentos, aseguran sus productores, que se definen como una empresa de comercio justo.
El producto natural, libre de químicos, es fabricado por chicleros mayas mediante procesos manuales, a través de una cadena productiva que no atenta contra el medio ambiente y genera empleo en las comunidades rurales de Quintana Roo y Campeche.
El chicle «Chicza» se presenta con sabores de menta, limón, hierbabuena, naranja, canela y frutas rojas.



















