La asombrosa historia de la indigena que logró evitar la construcción de una represa

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Entre 1980 y el 2000, la guerra civil arreciaba en el Perú. Los asháninkas fueron uno de los grupos más golpeados por la violencia terrorista de Sendero Luminoso. En 1986, las estadísticas indicaban una población asháninka de 60,000 personas. Al final del conflicto, 10,000 habían sido desplazadas de sus territorios, 5,000 permanecieron secuestradas o en condición de cautiverio, entre 30 y 40 comunidades desaparecieron y 6,000, aproximadamente 10% de su población, fueron asesinadas.

Ruth Buendía Mestoquiari, de 37 años, nació en la comunidad asháninka de Cutivireni en la selva central del Perú. A los 14 años llegó a Lima, la capital, para trabajar como empleada del hogar, pero al poco tiempo decidió regresar a la ciudad de Satipo debido al acoso que sufría por parte del dueño de casa. Casi no hablaba castellano, pero logró aprender. En Satipo se desempeñó como mesera, vendedora, pero fue víctima de una severa explotación.

Decidió continuar con sus estudios. Conoció a un dirigente asháninka quien la invitó a participar en talleres de capacitación para líderes y empezó a viajar por las comunidades de la cuenca del río Ene que carecían de escuelas, postas médicas y falta de titulación de sus tierras. En el 2005 fue nombrada presidenta de la Central Asháninka del Río Ene (CARE), cargo que ocupa hasta ahora.

Contra la represa. El gran triunfo de Buendía es haber evitado la construcción de una represa hidroeléctrica en el río Ene, que habría desplazado a unas 1,500 familias indígenas sin haberles consultado previamente.

En el 2010, los gobiernos de Brasil y Perú firmaron un acuerdo energético bilateral para construir una serie de grandes represas hidroeléctricas en la Amazonia. La mayoría de la energía producida iba a ser exportada a Brasil y los beneficios económicos iban a ser mínimos para las familias afectadas. Una de estas represas era Pakitzapango —“casa del águila” en lengua asháninka— sobre el río Ene, que construiría la empresa brasileña Odebrecht.

“Buendía junto con un equipo de CARE empezaron a concientizar a las comunidades asháninkas sobre la represa y los peligros de usar simuladores digitales sobre cómo quedaría el valle inundado durante la construcción. Organizó una asamblea de las comunidades de toda la región y unió a los asháninka en oposición a la represa.

Llevó su denuncia hasta la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), logrando que en diciembre del 2010, el Ministerio de Energía y Minas diera marcha atrás al proyecto y al año siguiente Odebrecht anunciara también su retiro, señalando la necesidad de respetar la opinión de las comunidades locales.

Buendía:

No podemos permitir que se construya una hidroeléctrica con Brasil sin consultar a los pueblos que habitan esos lugares y sin respetar nuestra integridad. Desarrollo es tener escuelas con buenos maestros, postas médicas, títulos de propiedad, facilidades para comercializar nuestros productos y eso nos falta.

Recientemente, junto con otros cinco defensores del medio ambiente del mundo, Buendia ganó el prestigioso Premio Ambiental Goldman, el mayor reconocimiento que desde hace 25 años se otorga a quienes “dedican sus esfuerzos a la protección de los ecosistemas y especies en peligro, combatir proyectos destructivos de desarrollo, promover la sostenibilidad medioambiental, influir en la elaboración de normas protectoras del medio ambiente y luchar por la justicia ecológica”.

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