Informe vincula el calentamiento global y el auge del terrorismo

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Recientemente, la Universidad de California y la Nasa presentaron dos informes que concluyen básicamente lo mismo: una buena parte de los glaciares de la Antártida se derretirá, el nivel del mar en el planeta subirá y no hay nada que se pueda hacer al respecto.

Los datos presentados por estas dos instituciones confirman algo que ya había sido pronosticado desde 1978, cuando John Mercer, experto en glaciares de la Universidad Estatal de Ohio, señaló que la región oeste de la Antártida era particularmente vulnerable al cambio climático.

Además de las implicaciones para el medio ambiente, que arrancan con la posible extinción de las especies que no logren adaptarse pronto a la modificación en la temperatura de los océanos, el cambio climático tendrá un rotundo impacto sobre las sociedades humanas. Más que una afectación en infraestructura, que la habrá, este fenómeno pondrá demasiada presión sobre mecanismos ya presionados: el abastecimiento de agua, la distribución de comida, la existencia de tierra para albergar a más personas.

Estos factores, a su vez, representan una de las mayores amenazas para la seguridad de los países, como lo anota un nuevo reporte de la CNA (Corporation Military Advisory Board), una institución financiada por el gobierno de Estados Unidos, que dice que “las acciones que los Estados Unidos y la comunidad internacional han emprendido para adaptarse a los retos asociados al calentamiento global han sido insuficientes”.

El documento, por ejemplo, establece una conexión entre el auge de Al Qaeda y otras organizaciones terroristas en Mali y la lenta, pero estable, expansión del Sahara, que cada año convierte tierras arables en desiertos. No es un asunto que suceda inmediatamente, pero la extinción de fuentes de agua y alimento es un problema social que, sin soluciones inmediatas, genera un nivel de descontento social del cual se alimentan los extremistas que habitan en esta región.

Y es que, en últimas, no hay sociedad con hambre que aspire a la felicidad. Bajo esta óptica, el cambio climático es más que un asunto científico: una seria amenaza para la convivencia de una especie que se ha caracterizado por ser propensa al conflicto y la destrucción.
Esto, por ejemplo, lo saben los militares de países como Bangladesh, cuyas costas ya sufren los efectos del cambio en los océanos, y que han leído con alarma los reportes que aseguran que para 2050 buena parte de la costa sur del país estará sumergida, algo que obligará a millones de sus habitantes a reubicarse, una suerte de migración forzada que puede sobrepasar la capacidad del gobierno, y del ambiente, de sostener a estos refugiados.

El efecto dominó sugiere que esta presión generada por los desplazados climáticos, una categoría que comienza a ganar prominencia en los estudios, se trasladará a otros países que, en el caso de Bangladesh, pueden ser India o Pakistán. Algunas simulaciones estiman que la migración obligada en este caso originaría conflictos y epidemias en dos Estados que comparten una larga tradición de odios, además de un arsenal nuclear en ambos bandos.
Via: NewYork Times