
Por: Martín Carranza Torres. La computación en nube o informática en nube, del inglés «Cloud computing», es un paradigma que permite ofrecer servicios de computación a través de Internet. La «nube» es una metáfora de Internet. En este tipo de computación todo lo que puede ofrecer un sistema informático se ofrece como servicio, de modo que los usuarios puedan acceder a los servicios disponibles «en la nube de Internet» sin conocimientos (o, al menos sin ser expertos) en la gestión de los recursos que usan.
Que es la nube de internet?
¿De que se trata este servicio que revoluciona la forma de almacenar y procesar información en todo el mundo? En término simples, estamos frente a un sinnúmero de servidores interconectados que ofrecen, a través de Internet, la posibilidad de guardar infinita cantidad de información y ejecutar todo tipo de tareas, desde un procesador de texto, un antivirus o servicios de e-mail.
Es un paradigma en el que la información se almacena de manera permanente en servidores de Internet y se envía a cachés temporales de cliente, lo que incluye equipos de escritorio, centros de ocio, portátiles, etc. Esto se debe a que, pese a que las capacidades de los PC han mejorado sustancialmente, gran parte de su potencia se desaprovecha, al ser máquinas de propósito general.
«Cloud computing» es un nuevo modelo de prestación de servicios de negocio y tecnología, que permite al usuario acceder a un catálogo de servicios estandarizados y responder a las necesidades de su negocio, de forma flexible y adaptativa, en caso de demandas no previsibles o de picos de trabajo, pagando únicamente por el consumo efectuado.
Ahora, la nube no solo ofrece ventajas para los usuarios, en cuanto a movilidad, facilidad de uso, costo beneficio y demás, tambien es una tecnologia que podria disminuir enormemente la huella ecologica mundial, contribuyendo con la conservacion del medio ambiente y sobre todo ahorrando energia.
El modelo energético de la nube implica un traslado de las baterías desde el escritorio hacia Internet. Si vamos a tener dispositivos más livianos, con menos performance, con menos capacidad de memoria y con baterías más chicas o directamente sin baterías, lo haremos a cambio de tener la certeza de que las aplicaciones y herramientas de la nube estarán disponibles para todos de manera permanente e ininterrumpida. Es por eso que al haberse trasladado la batalla tecnológica del escritorio a la nube, no solamente se renunciará a tener las aplicaciones en nuestros propios dispositivos, si no que los usuarios buscarán eliminar peso para tener mayor autonomía y libertad.
El cloud computing, es la resultante del poder transformar recursos informáticos y procesadores en servicios alojados de forma externa en la propia Web. En otras palabras: pasar de reservar recursos a utilizar recursos.
Durante la era de la PC las grandes corporaciones disputaron el cetro de la gestión empresarial pero desde que la banda ancha posee otra penetración e infraestructura, la conectividad es mayor y los dipositivos son más pequeños y llegan a más personas, la titánica batalla se trasladará al ring side de La Nube. Allí se celebrará la gran discusión en la informática corporativa, durante los próximos tiempos
Es necesario, entonces, proveer a la nube de medios de energía total, cada vez más eficiente, confiable, como así también menos contaminante y, por supuesto, cada vez más barata.
¿La empresa pública de su ciudad, Estado, provincia o país está en condiciones de subirse a la carrera? ¿Si usted tuviera que instalar un Data Center lo haría en la ciudad en la que vive? Cualquiera de estos Centro de Procesamientos de Datos que se precie necesita contar con energía en cantidades y disponibilidades industriales a las que les podrían proveer las administraciones de muchos gobiernos de nuestra región.
Los insumos principales que constituyen el «vapor» de la nube son: energía, conectividad y seguridad.
Seguramente en muy poco tiempo podremos ver todo el sistema eléctrico con el que funcionará la nube, conectado fuera de las redes eléctricas normales que proveen los Estados, ya sea porque habrán contratado a empresas que presten servicios desarrollados con energía solar o con cualquier otra tecnología de almacenamiento de las tantas que se están produciendo en la actualidad.
Una verdadera tormenta se avecina sobre la humanidad en esta era de petróleo cada vez más escaso y de decimonónicos sistemas eléctricos estatales. Una schumpeteriana tormenta que exigirá exprimir la inventiva y creatividad de los emprendedores, que utilizando los conocimientos científicos rendirán su tributo al tecnotropismo satisfaciendo las necesidades masiva y eficazmente.
Nuestros caprichos tecnológicos son suficientemente desafiantes. Queremos contar con búsquedas en tiempo real en Internet, tener 3D en el celular pero sin usar anteojos especiales, buscamos optimizar el manejo de contenidos y exigimos que todo pueda ser leído en cualquier dispositivo, pedimos sistemas de inteligencia en las rutas de búsqueda de información, demandamos y demandaremos paquetes específicos de servicios. Todos ellos, más los que se nos vayan ocurriendo, serán satisfechos.
Para ello se están generando hasta nuevos lenguajes de programación para la nube, lenguajes que permitirán programar más eficientemente, no ya computadoras individuales, sino redes de microprocesadores para que funcionen coordinadamente. Todas las soluciones requerirán de un muy alto costo en energía.
Hoy existen millones de dispositivos cada vez mas demandantes de performance, capacidad memoria y energía, esas demandas individuales van a ir disminuyendo para centralizarse dichos requerimientos en los «loteos de nube».
Alguien deberá satisfacerlos y muchas empresas están trabajando en ello.
La Cloud Computing es un concepto fresco que incorpora el software como servicio, donde el punto en común está puesto en la red como vehículo y motor para satisfacer las necesidades de los usuarios. El desafío está en marcha.
Pero hay algo que no podemos dejar de ignorar: la nube necesita energía, muchísima más energía de la que hoy estamos en condiciones de producir. En lo posible, el proveedor de dicha energía no debería tener la necesidad de elegir entre clientes que le paguen y otros que no le paguen, deberá entender el concepto de 7 X 24 como un concepto de vida o muerte para su negocio, deberá tener una visión estratégica de su servicio. No podrá limitar su gestión a necesidades de gobiernos de turno. En fin, deberá ser total, completa y absolutamente eficaz o dedicarse a otra cosa.
Uno de los elementos principales del vapor de la nube es la energía y hace falta mucho, pero muchísimo vapor.
Posiblemente, el vapor en la nube produzca tormentas y tormentas destructivas; por suerte, solo serán las schumpeterianas tormentas de destrucción creativa.



















