
Necesito revelarte una verdad impopular: el mundo nunca ha sido sostenible. Lo que buscamos lograr nunca se ha hecho antes. Para entender por qué, debemos examinar el significado de sostenibilidad.
La definición clásica de sostenibilidad proviene de un informe emblemático de las Naciones Unidas. En 1987, la ONU definió el desarrollo sostenible como «satisfacer las necesidades del presente sin comprometer la capacidad de las generaciones futuras para satisfacer las suyas». Esta definición tiene dos partes. La primera asegura que todos en el mundo hoy —las generaciones actuales— puedan vivir una vida buena y saludable. La segunda mitad se trata de vivir de manera que no degrademos el entorno para las generaciones futuras. No debemos causar daños ambientales que le quiten a nuestros bisnietos la oportunidad de una vida saludable.
Esta perspectiva no está exenta de controversia. Algunas definiciones de sostenibilidad se centran solo en el componente ambiental. El Diccionario Oxford describe la sostenibilidad como «la propiedad de ser ambientalmente sostenible; el grado en que un proceso o empresa puede mantenerse o continuar evitando el agotamiento a largo plazo de los recursos naturales». Es una forma elegante de decir: «asegúrate de que lo que hagas hoy no dañe el ambiente para mañana». En algunas definiciones, no se exige que los humanos satisfagan sus propias necesidades al mismo tiempo. Como ambientalista, yo también enfoco la mitad ambiental, pero a nivel moral, no puedo ignorar la primera mitad. Un mundo lleno de sufrimiento humano evitable no cumple nuestra definición de sostenibilidad.
Gran parte de la controversia sobre estas definiciones proviene de la suposición de un trade-off inevitable entre ambas mitades. Es bienestar humano o protección ambiental. Esto significa priorizar uno sobre el otro, y para la «sostenibilidad», el ambiente gana. Ese trade-off existió en el pasado. Pero mi argumento es que este conflicto no tiene por qué existir en nuestro futuro. Hay formas de lograr ambos al mismo tiempo, lo que debería reducir progresivamente el conflicto entre las definiciones. Así que, si aún prefieres una definición ambientalista, considera el bienestar humano como un agradable agregado.
El mundo nunca ha sido sostenible porque nunca hemos consegudio mantener ambas mitades juntas. Si nos enfocamos solo en la mitad ambiental, podría parecer que el mundo se ha vuelto insostenible recientemente, con el aumento de emisiones de carbono, el uso de energías no renovables y la sobrepesca. Pensamos que el mundo solía ser sostenible, pero nuestro daño ambiental desequilibró las cosas. Esa es la conclusión equivocada. Durante miles de años —más aún desde la revolución agrícola, pero también desde mucho antes—, los humanos no hemos sido ambientalmente sostenibles. Nuestros ancestros cazaron hasta la extinción a cientos de grandes animales, contaminaron el aire al quemar madera, residuos agrícolas y carbón vegetal, y talaron bosques masivamente para energía y tierras agrícolas.
Es cierto que ha habido periodos o comunidades que alcanzaron un equilibrio armónico con otras especies y el entorno. Muchos pueblos indígenas lo lograron, protegiendo la biodiversidad y los ecosistemas.
El respeto por la Tierra está en el corazón de la mayoria de los principios indígenas. Como el proverbio de los indigenas nativo americanos que dice: «Toma solo lo que necesites y deja la tierra como la encontraste». Similarmente, el antiguo proverbio keniano: «Trata bien la Tierra: no te la dieron tus padres, te la prestaron tus hijos». Nuestra comprensión de la sostenibilidad comienza allí. Las definiciones modernas son versiones académicas y rigidas de estos hermosos proverbios.
Pero las comunidades que lograron sostenibilidad ambiental siempre fueron pequeñas, y eso es porque las tasas de mortalidad infantil eran altas: perder niños detenía el crecimiento poblacional.
Un mundo donde la mitad de los niños mueren no cumple con las «necesidades de las generaciones actuales» y, por lo tanto, no es sostenible.
Ese es el desafío que enfrentamos. Necesitamos asegurar que todos en el mundo puedan vivir una vida digna y reducir nuestros impactos ambientales para que las generaciones futuras prosperen. Eso nos sitúa en territorio inexplorado.
Ninguna generación previa tuvo el conocimiento, tecnología, sistemas políticos o cooperación internacional para lograr ambos al mismo tiempo. Tenemos la oportunidad de ser la primera generación que alcance real sostenibilidad. Aprovechemosla.



















