Japón y Canadá tensan las negociaciones al cuestionar objetivos concretos de reducción de emisiones de CO2

Las delegaciones de Canadá y Japón están tensando las negociaciones de la 14 Conferencia de las Partes de la Convención de Naciones Unidas sobre Cambio Climático (COP14), que se celebra del 1 al 12 de diciembre en Poznan (Polonia) con la participación de delegaciones de 187 países, al cuestionar los objetivos concretos de reducciones de emisiones de CO2 de los países industrializados para 2020.

Los grupos ecologistas dieron la voz de alarma por la mañana al mencionar que, tras algo más de una semana de negociaciones sobre el texto aprobado en Balí (Indonesia) el año pasado durante la COP13 alguna de las delegaciones había puesto en cuestión la única mención de cifras concretas de reducción de emisiones. Se trata de una nota a pie de página que recuerda la recomendación de los expertos de reducir en 2020 entre un 25 y un 40 por ciento las emisiones de CO2 en los países ricos para que la temperatura media del planeta no aumente más de dos grados en el presente siglo y que ahora podría desaparecer.

«Creo que es un paso atrás poner en duda esos rangos de reducción para los países industrializados. Me parece que es un paso atrás pensar en escenarios de reducción global que no sean coherentes con los escenarios del Panel Intergubernamental de Cambio Climático de la ONU (IPCC)», dijo por la tarde la secretaria de Estado de Cambio Climático, Teresa Ribera, confirmando la puesta en cuestión de este precepto.

De hecho, aunque en principio sólo precisó que no había sido la delegación europea la responsable de esta situación, en su explicación reveló quienes son los autores. «Hay países, como Canadá y Japón, especialmente preocupados por que el esfuerzo global (de reducción de emisiones) sea coherente, y por tanto, en no avanzar en exceso en las reducciones de unos cuando no tienes claro cómo se avanza en la reducciones o los esfuerzos de otros», explicó.

A su juicio, se trata de una componente «táctica» que finalmente «se va a acabar levantando», a pesar de que admitió que a medida que se van sucediendo los meses se va pulsando una reticencia a concretar esfuerzos en algunos de los puntos, especialmente en la mitigación, tanto por parte de países emergentes como de países industrializados. En todo caso, confía en que la entrada en escena de la nueva administración estadounidense permita abordar unas negociaciones menos tácticas y más «francas» de cara a la cumbre de Copenague de 2009, que es la que en principio debería acordar los criterios de la era Post-Kioto.

Precisamente, la ausencia de la postura que defiende el presidente electo Barak Obama durante esta cumbre ha rebajado las expectativas de la misma en cuanto a resultados trasladándose a las reuniones técnicas que tendrán lugar en Bonn (Alemania) en marzo y junio del próximo año y en las que la postura de la Administración Obama ya será oficial. De hecho, el secretario ejecutivo de la Convención, Ivo de Boer, informó esta mañana de que, dependiendo del estado de las negociaciones, los ministros podrían decidir reunirse de nuevo en estas citas antes de la cumbre de Cophenague.

ALMACENAMIENTO DE CO2

Mientras tanto, cada país va dejando su impronta en las discusiones. Por ejemplo, Arabia Saudí está empeñada en que los proyectos de almacenamiento y captura de CO2 (práctica que los grupos ecologistas cuestionan porque consideran que no favorece la reducción de emisiones) pueda descontarse desde ahora de las emisiones de CO2, mientras que otros países consideran que este elemento debe introducirse en la negociación a más largo plazo una vez adoptadas las reglas de seguridad y contabilidad adecuada.

«Existen cuatro opciones técnicas -explicó Ribera–. Negarse a esta petición, adoptarla en el medio o largo plazo, aceptar algunos proyectos piloto o decir que sí. Pero no es descartable que la cuestión llegue a la negociación del tramo ministerial porque Arabia Saudi puede querer forzar una reacción de la COP».

Por otro lado, Ribera explicó que las negociaciones relacionadas con la revisión del Protocolo de Kioto se enmarcan en el establecimiento de criterios generales para determinar el reparto de esfuerzos de reducción de emisiones, tanto en los países industrializados como en los países en desarrollo. A modo de ejemplo, citó algunos posibles, como la aportación histórica, la riqueza relativa de los ciudadanos, las circunstancias concretas de cada país, los bosques o el peso de la ganadería en la economía.

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