La Cumbre del Cambio Climático entra hoy en su recta final, sin que se hayan producido avances claros en el diseño de lo que debe ser el régimen pos-Kioto

Por: ARACELI ACOSTA

Retomar la negociación exactamente en el punto donde se dejó en Bali en diciembre de 2007. Un año después esa parece ser la consigna de las economías emergentes y los países en desarrollo que participan desde el lunes pasado en la Cumbre de Cambio Climático en la ciudad polaca de Poznan. Ni un atisbo de cambio en sus posturas. Agrupados en el grupo conocido como el G-77 más China, estos países lograron poner en el último día de la cita de Bali literalmente contra las cuerdas a Estados Unidos y a su jefa de delegación Paula Dobriansky, quien tuvo que capitular ante la insistencia de este grupo de países -apoyados por la Unión Europea y otros pesos pesados, como Japón- para que la transferencia de tecnología con la que reducir sus emisiones contaminantes fuera verificable y no pudiera escapar al control.

Economía baja en carbono
Pues de nuevo, la primera reclamación que han puesto sobre la mesa de negociación de Poznan estos países agrupados en torno a China es dinero para intentar enfocar su economía hacia una más baja en carbono, pero sin que esa futura reducción de emisiones sea obligatoria para ellos. Esto es, inversión a cambio de promesas que vienen sospechosamente lastradas por la idea que siempre han mantenido los países en desarrollo, con China e India a la cabeza, de que el cambio climático es un problema sobre el que el resto del mundo tiene una responsabilidad histórica.

Cierto, pero no lo es menos que en este momento China es el mayor emisor mundial -hace tiempo que superó a Estados Unidos-; India ya es el cuarto y las naciones en desarrollo en general emitieron en 2007 más de la mitad de los gases de efecto invernadero, según un informe de Carbon Project. Por tanto, por primera vez, son las naciones en desarrollo y no las ricas las que más cantidad de CO2 emiten a la atmósfera.
Pedir dinero en estos tiempos que corren no está bien visto y las negociaciones de esta primera semana de cumbre parecen estancadas en esta cuestión, que es clave para poder perfilar el régimen de reducción de emisiones para después de 2012. Tanto es así que los últimos días no han faltado voces que dudan de que se pueda cerrar el acuerdo tal y como está previsto, esto es, en Copenhague en diciembre de 2009. Esa fecha tope parece que empieza a difuminarse, según diversas fuentes que participan en la cita de Poznan.
Fecha tope, diciembre de 2009
El propio Yvo de Boer, secretario ejecutivo de la Convención de la ONU de Cambio Climático, ya ha reducido sus expectativas y ha dicho que lo importante es alcanzar en Copenhague «un acuerdo político robusto que pueda ser ratificado», con las cuestiones clave, pero que los detalles pueden dejarse para más adelante. La misma idea fue expresada por la secretaria de Estado de Cambio Climático, Teresa Ribera, quien en una entrevista con este diario aseguró, en referencia al acuerdo que debe salir de Copenhague, que «aún no sabemos a ciencia cierta si se resolverá como un texto articulado acabado o con unas orientaciones muy claras que tendrán que acabar de ser rematadas inmediatamente después».
Y es que la crisis y la fragmentación de la postura europea que, coincidiendo con los últimos días de la reunión de Poznan, debe dar luz verde a su paquete energético para poder lanzar así una señal de liderazgo al resto de países, están marcando sin duda el desarrollo de las negociaciones en Polonia.
Ni siquiera el optimismo generalizado que causó el anuncio del presidente electo de Estados Unidos, Barack Obama, de enviar a una delegación de congresistas y senadores, liderada por el senador demócrata John Kerry, para difundir el mensaje climático de la futura Administración parece que esté allanando el camino hacia Copenhague. En estas citas nadie enseña sus cartas verdaderas ni los ases que guarda en la manga hasta el último día.

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