Pendientes de la postura de los enviados de Obama

Por: Raúl Romar
Del verano de Bali al invierno de Poznan. Del calor al frío. Si la cumbre del clima de Bali fue decisiva para sentar las bases del acuerdo que dé paso al nuevo Protocolo de Kioto, el frío de la ciudad polaca de Poznan, donde estos días se reúnen más de 190 líderes mundiales para continuar las negociaciones, será fundamental para congelar literalmente los acuerdos.

Que en la cumbre del próximo año de Copenhague se consiga, por fin, un acuerdo que suceda al Protocolo de Kioto, vigente hasta el 2012. Y para ello será vital mantener el mandato de Bali del pasado año: que todos los países acepten el marco de la ONU, incluido Estados Unidos, para lograr el ansiado pacto para combatir el calentamiento global.

Porque en un momento de incertidumbre los principios que hasta ahora parecían asentados amenazan con la quiebra. Un ejemplo es la misma Europa, el continente que más ha tirado del carro. Entre el jueves y el viernes, coincidiendo con la conferencia de Poznan, los 27 intentarán aprobar el paquete Energía y Cambio Climático, el conocido 20x20x20. O lo que es lo mismo, reducir las emisiones de CO2 un 20% de aquí al 2020; aumentar la cuota de energías renovables hasta el 20% para el mismo período y reducir el gasto energético otro 20%. Estas metas, que hasta hace no mucho se daban por sentadas, se encuentran ahora con la oposición de Polonia, paradójicamente el organizador de la cumbre del clima, al que se han unido otros países del Este e Italia. En el fondo, su objeción se ciñe al ya manido argumento de que la reducción de emisiones les hará perder competitividad. Pero si Europa salva el escollo, Poznan también lo hará.

Barack Obama ya ha enviado a sus representantes a Poznan. El cambio de postura parece claro, pero no está asegurado. Estados Unidos, tal y como ya lo hizo Bush, sigue sin estar dispuesto a ratificar ningún convenio para la reducción de emisiones mientras no lo hagan también países como China, India, Brasil, México o Sudáfrica, a los que Kioto había dejado exentos. Y sin EE.UU. un nuevo acuerdo será ahora más inviable que nunca, porque las empresas europeas, obligadas a reducir emisiones, ya no podrán mantener su desventaja respecto a las norteamericanas. «De poco le servirá a Europa tirar del carro si Estados Unidos no entra en el pos-Kioto. No se podrá aguantar cuatro años más».

Mucho. El pasado mandato de Bali deja también el protagonismo a los municipios y regiones. El objetivo: aplicar nuevas políticas que contribuyan a reducir emisiones.

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