Protección de la selva: un objetivo deseado y difícil de alcanzar

La protección de la selva debe figurar en el próximo acuerdo sobre el cambio climático que se negocia esta semana en la Conferencia de la ONU en Poznan (oeste de Polonia) pero están aún por definir los mecanismos para lograrla y cómo garantizar su acatamiento.

Muy debatida, la Reducción de Emisiones procedentes de la Deforestación y la Degradación de los bosques (REDD) parece ser uno de los pocos puntos que podría progresar sustancialmente en Poznan, donde más de 12.000 delegados de 190 países preparan la negociación del futuro tratado, que debería cerrarse en una conferencia prevista en diciembre de 2009 en Copenhague.

Las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) procedentes de la deforestación representan el 20% del total mundial y son por lo tanto una baza importante para lograr el objetivo aconsejado por los científicos de reducir en 2050 a la mitad las emisiones de gases responsables del calentamiento del planeta.

«No podemos ignorarlo ni permitirnos el lujo de equivocarnos», resume Benoit Faracco de la fundación francesa Nicolas Hulot por la naturaleza y el hombre. «Básicamente, hay que dar a las poblaciones rurales más dinero (por preservar la selva) que el que les propone la industria para talar los árboles y cultivar soja o fabricar aceite de palma», como sucede en Brasil o Indonesia.

La invención del programa REDD es también la mejor forma de asociar a los países en vías de desarrollo al nuevo acuerdo y permitirles contribuir en la lucha contra el cambio climático, subrayan los expertos.

Sin embargo, pese a que todas las partes convienen sobre la necesidad de incluirlo en el futuro acuerdo, insiten también en que se deben poner salvaguardas.

Es necesario garantizar la transparencia del mecanismo, las medidas de comprobación y de control. «Una vez que se ha pagado hay que comprobar que los árboles siguen en su lugar» y asegurarse de que el dinero llega a las comunidades afectadas, señala Frances Seymour del Centro Internacional de Investigaciones sobre los Bosques (CIFOR).

«Habrá que fijar claramente las reglas antes de decidir los objetivos», reconoció un negociador europeo antes de la apertura de las negociaciones.

En total en el mundo, los boques almacenan 400.000 millones de toneladas de carbono en el suelo y mantenerlos es poco costoso. «La REDD es la actividad más barata de reducción de los GEI y la más rentable», señala Arild Angelsen, experto noruego.

Un estudio realizado por la Comisión Europea estima en entre 20.000 y 25.000 millones de dólares el coste de una reducción del 50% de la deforestación mundial en 2020, lo que representa aproximadamente 6,5 a 13 dólares la tonelada de CO2 evitada, contra los más de 50 dólares que cuesta evitar una tonelada de carbono emitida por una central eléctrica de carbón.

Almacenar el cabono no es sin embargo la única función beneficiosa de bosques y selvas.

«El bosque actúa sobre el ciclo del agua, la biodiversidad, a menudo es el único recurso de las comunidades y regula incluso las enfermedad gracias a los parásitos que alberga», recuerda Bruno Locatelli del CIFOR.

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