
Las bolsas de plástico contaminan y no son necesarias: ninguna se recicla. Consumiendo menos y mejor, protegemos el medio ambiente.
La bolsa de plástico es el producto estrella de nuestra cultura de usar y tirar, que malgasta grandes cantidades de materiales y energía para fabricar productos efímeros de un solo uso, muchas veces superfluos. Las bolsas de plástico se pueden reemplazar por recipientes o sistemas duraderos y ecológicos (bolsas de tela, de plástico resistente, de papel, carros de compra…). Utilizamos unas 250 bolsas por habitante al año.
Tanto su fabricación y distribución como su tratamiento posterior provocan importantes problemas ambientales. Por todo ello consideramos que es necesaria su desaparición.
En las grandes centrales de tratamiento de basura las bolsas se entierran o se apilan en grandes fardos ya que vale 100 veces más reciclarlas que fabricarlas de nuevo. Esta es una de las razones por las que más del 90 % de nuestros residuos sólidos urbanos acaban en vertederos, o en incineradoras.
Razones para decir no a las bolsas de plástico:
- Se fabrican a partir del petróleo, un recurso no renovable, costoso, cada vez más escaso y responsable de la emisión de gases de efecto invernadero, es decir, del cambio climático.
- Su reciclaje no es rentable: cuesta 100 veces más reciclarlas que producirlas nuevas.
- La mayoría acaba en el mar o quemada en las incineradoras y en los hornos de cemento. Se han encontrado bolsas flotando al norte del Circulo Ártico y en lugares remotos del Atlántico Sur.
- Contaminan durante su fabricación y su incineración (dioxinas, cianuro…).
- Algunas están impresas con tintas tóxicas.
- Tardan entre 150 y 1000 años en descomponerse.
- Su dispersión en la naturaleza causa mortandad de animales en el medio terrestre y acuático. Las tortugas, los delfines o los cachalotes, por ejemplo, se las comen porque las confunden con medusas y calamares. Es cada vez más frecuente encontrarlas en cadáveres de animales marinos porque provocan el bloqueo, irritación o laceración del tracto digestivo y reducen la cantidad de alimento que los animales pueden ingerir.
- Son de fácil sustitución por sistemas tradicionales: bolsas de tela, carritos, cestas, de papel…
Por ello proponemos:
Hacer un pequeño esfuerzo desde la ciudadanía, los ayuntamientos, gremios de comerciantes y cadenas comerciales para animar al consumidor y a los comercios a sustituir las bolsas de plástico gratuitas por otro tipo de recipiente más resistente y duradero.
Los acuerdos voluntarios de sustitución o de cobro serían idóneos para frenar el consumo generalizado de bolsas. Pero como puede ser insuficiente, necesitamos además acciones decididas destinadas a limitar el consumo de bolsas de plástico.
Que el Gobierno grave el consumo indiscriminado y gratuito de bolsas de plástico con un impuesto ecológico lo suficientemente elevado para ser disuasorio. Ese dinero no lucraría al comerciante sino que se invertiría en investigación y desarrollo de tecnologías de producción limpia que minimicen la generación de residuos y en mecanismos para eliminar las bolsas de un solo uso.
Via: http://www.ecologistasenaccion.org/



















